Las Memorias del Tamboura

LAS MEMORIAS DEL TAMBOURA
(Compendio)

-Introducción-
(redondillas)

El que escribe este dislate
en Compostela estudió
y su tiempo aprovechó
entre ciencia y disparate.

Ambientada en los ochenta,
en Compostela bullía
desenfadada alegría
con mucha sal y pimienta.

Encendidas ilusiones
en una España movida
por libertad renacida
tras olvidar represiones.

La Calle Nueva brillaba
con la juerga desmedida,
con amores, con bebida…
La pasión se recobraba.

La Raíña y el Villar
es la zona de tronío
con marcado señorío
y fantástico yantar…

Los manteles de papel
se cubrían de ecuaciones
y el local de discusiones
que exhibían gran nivel.

El Tamboura1 se llenaba
con la música y el humo,
mucho vino y poco zumo
y una moza despachaba.

Las historias que comento
son relatos de ficción,
pero tienen pretensión
de recrear el momento.

¡Que traigan los entremeses!
La función va a comenzar,
ocupen todos lugar…
¡Bienvenidos, «Feligreses»!

-Primera velada-
(Cinco sonetos)

I
-¡Hermanos del Tamboura! ¡»Feligreses»!
-Pidamos al ventero algo de vino:
privarnos es terrible desatino,
si vamos a cenar como marqueses.

Delicias turcas son los entremeses,
que saben como bálsamo divino.
-Recuerden que la charla se convino
sin darle a nuestra lírica reveses.

¿Tenemos ya la rima deseada?
¿La historia que contamos es redonda?
¿La métrica del verso está lograda?

-¡Caramba, la doncella está cachonda!
-Y veo que la jarra está mediada,
roguemos que nos sirvan otra ronda.

II

-Tenemos planteadas tres cuestiones.
(Parece que el condumio se retrasa)
-Hablemos de la rima, pero pasa
la jarra con el vino ¡recordones!

-¡Señores, respetemos condiciones!
El ritmo de este verso se desfasa…
(el caldo del cocido está que abrasa)
…habrá que repasar las restricciones.

-Logremos que el poema tenga hechizo,
que capte la atención del visitante.
(¿Me alcanzas un pedazo de chorizo?)

-La rima… ¿no es un poco altisonante?
-A mí me gusta más si la suavizo.
(¿La chica del escote?… ¡impresionante!)

III

-¿No encuentran muy curioso que al cocido,
garbanzas, y no alubias, le han echado?
-Pues dicen que en Madrid se han inspirado
y opino que el acierto es conseguido.

-¡Volvamos al poema de seguido!
¿Qué estrofa les parece lo apropiado?
-Me tiene el serventesio fascinado…
-Cuartetos o tercetos. ¡Yo decido!

-Sigamos la prudencia del discreto
y triunfe nuevamente la cordura:
usted lo que propone es un «soneto».

-¡Doncella, más morapio, por ventura!
-Garrafa o garrafón, y bien repleto.
(¡Por Dios, sus pechos ciegan de hermosura!)

IV

-Llegamos a los quesos con membrillo.
-¡Que vengan los cafés con aguardiente!
-La moza sigue estando reluciente.
-¡La noche que pasaba si la pillo!

-Al verso sólo queda darle brillo,
ponerlo de manera más decente.
-¿Por qué, si su belleza es suficiente?
-¡Espera que lo acabe, so pardillo!

-¿Desean los señores otra cosa,
o puedo retirarme a descansar?
-¿Te han dicho alguna vez que estás preciosa?

-¡Ignóralo: no sabe trasegar!
-La lengua ya la tiene estropajosa.
-¡Más vino, que comienzo a recitar!

–..–

-¡Hermanos! ¡Feligreses! ¡Compañeros!
(Menuda es la cogorza que me invade)
Espero que el poema les agrade,
los versos han quedado muy certeros.

SONETO

La lírica, bellísima aventura,
refleja en nuestras almas sus caricias,
esculpe en nuestras caras sus delicias,
llenando nuestras vidas de ternura.

La carne del cocido estaba dura,
el caldo estaba lleno de inmundicias.
Las típicas alubias son ficticias,
los grelos un ejemplo de amargura.

No obstante la bebida era decente,
al menos disfrutábamos con ella.
Mas quiero resaltar por evidente:

Muchísimo mejor que la botella,
-de largo superando al aguardiente-
¡los pechos de la pícara doncella!

-Epílogo de la velada-

Y puestos medio en pie «Los Feligreses»,
los unos en los otros apoyados,
se marchan a sus casas derrotados
rindiendo sus tributos a las eses.

-Segunda velada-
(Liras)

-Saludos fraternales
hermanos del Tamboura y compañeros.
¿Están en sus cabales?
¿ardientes y guerreros?
-¡Anoche nos pasamos mil enteros!

-Vayamos a otra cosa.
El éxito rotundo del soneto,
su rima tan hermosa,
su ritmo tan concreto.
Las letras nos contemplan con respeto.

-¡Doncella, por favor!
¿me sirve usted un agua mineral?
-¿No quiere algo mejor?
-Mi cuerpo está fatal.
-Ya veo su resaca, que es letal.

-¡Y sigue con escote…!
-Decía que, no obstante lo anterior
(disculpen que lo note)
se puede hacer mejor
siguiendo el argumento con rigor.

-¿Encuentra algún defecto?
-El tema ya se había decidido:
«La Lírica»… ¡perfecto!
Cambiamos el sentido,
y el verso evoluciona hacia «El Cocido».

-¡Pelillos a la mar!
-¡Que traigan una jarra de Albariño!
-Me voy a vomitar!
-Perdiste el «sentidiño».
-¡Preciosa está la chica del corpiño!

-¿Fumamos un canuto?
-Prefiero que formemos sociedad.
-¡Redacta el estatuto!
-¡El vino, por piedad!
-Sencillo y con patente claridad.

-Propongo un presidente
y tengo candidato a secretario.
-Yo voto por Vicente,
las actas para Hilario.
-¡Brindemos por la causa: es necesario!

-Fantástica sesión.
-El nombre se ha quedado en el tintero.
-«Poetas en Acción»
-Preciso y muy certero.
-¡Yo pienso en la doncella con liguero!

(Brindaron todos juntos con pasión
soñando con la moza en camisón)

-Tercera velada-
(Redondillas)

-¡Muy buenas tardes, señores!
-¡A las buenas, presidente!
su contento es evidente.
-Viví momentos peores.

-He de anunciar un suceso:
me han hablado de un poeta
que todo el mundo respeta
por su carisma travieso.

-Su sobrenombre es «El Lobo»,
irreverente y genial
es rapsoda, en general,
de la chanza y del arrobo.

-Mas ¿qué están viendo mis ojos?
¡La doncella viene en tanga!
(y la vista se me enfanga
o los hilillos son rojos)

-La intentaré sondear:
¡Por favor sirve unos vinos!
(sus andares son felinos:
¿no se tendrá que agachar?)

-Como venía diciendo,
«El Lobo» tiene aficiones
a los poemas nipones,
cuestiones que yo no entiendo.

-¿Y en qué consiste tal cosa?
-En tres versos sin rimar
que te van a emocionar
porque la idea es hermosa.

-¡Qué poesía tan bella!
-¡Cómo apuntan sus pezones!
-¿En los poemas nipones?
-¡No, huevón, en la doncella!

-Hablemos de otra cuestión:
Me cuenta «El Lobo» (en privado)
de un lugar recomendado,
un magnífico mesón.

-Es asturiana la venta
y el manjar es superior.
Para «Lobo» es un honor
que vayamos… a su cuenta.

-¿Está en Santiago el mesón?
-No señor, está en Madrid.
-¿En «Marcial del Adalid»?
-¡Eso es Coruña, melón!

-¡Pues por «El Lobo» brindemos!
-¡Por favor, llene las copas!
-¿Cómo estará sin las ropas?
-¡Las bebidas apuremos!

-Cuarta velada-
(Cuartetas asonantadas)

-¡Buenas tardes, «Feligreses»!
-¡A las buenas, caballero!
-¿Apareció el presidente?
-No lo he visto, recién llego.

-Por allí viene Vicente…
-¡Corra el vino de Godello!
-¿Oigo lo que me parece?
-¡Haga caso, tabernero!

(Llega la moza, escotada,
falda corta, y con liguero:
se sabía deseada,
y fomentaba el deseo)

-¡Que se me nubla la vista!
-¡Por Belcebú que me pierdo!
-¿Habrán piernas más bonitas?
-¡El jamón parece tierno!

-¡Tengan la lengua, señores!
(¡Qué pezones más traviesos!)
Las razones que me imponen
mejor vino que el Ribeiro…

-¡Hable presto, señor mío,
me desvelo y ya no duermo!
-…precisamente, el motivo:
una tesis de diseño.

-¿Y si se explica, por Dios?
-Eso quería, cabestro:
hoy Matrícula de Honor
para la apnea del sueño.

-Un sistema artificial
que identifica el trastorno
y poder diagnosticar,
innovador, y precioso.

-Brindemos, por el doctor
y que mueran las apneas
-¡Hay que ver qué sofocón
cuando pienso en la doncella!

-Quinta velada-
(Redondillas)

-Buenas noches, caballeros.
-¿Qué tal está, presidente?
-Agobiado por la gente.
-¡Pon de vino dos calderos!

-Viene casi sin resuello.
-Lo que vengo es fatigado
y también desencantado
de poetas sin destello.

-Pero qué guapa estás hoy.
-Es usted que me seduce.
-Es tu pecho que reluce.
-No me requiebre, que voy.

-¡Cómo me pone la moza!
-Estas morcillas también.
-¿Se aguantarán sin sostén?
-Otra copa y ya retoza.

-Decía venir confuso
por causa del verso libre,
poesía sin calibre
del cerebro más obtuso.

-Hay quien opina distinto:
la libertad es un arte,
el rimar es cosa aparte
y la belleza es instinto.

-¿No encerrará gato pardo
escaparse de las normas?
Una lírica sin formas
me parece que es bastardo.

-No confunda la cuestión,
el reglamento es severo,
la belleza es lo primero
y el verso libre: ambición.

-No discuto el fundamento,
pero me suena fatal
escribir un carnaval,
un poema de esperpento.

-Que traigan vino y chorizos,
que de plática estoy seco
y con la charla hipoteco
mis deseos más castizos.

-Niña hermosa, ven aquí
con dos buenos botellones.
¿Habéis visto sus pezones,
su posar de maniquí?

-Sexta velada-
(Cuartetas)

-Pronto llegas, presidente.
-Me cansaba de estudiar
esa física indecente
y te vine a cortejar.

-Que me voy a sonrojar.
-Ten cuidado no te quemes.
-¿Qué va ser de trasegar?
-¿Tanto impongo, que me temes?

-No es temerte la palabra.
-Una taza de Albariño.
-Está usted como una cabra.
-Lo que te tengo es cariño.

(Su breve blusa le muestra
unos perfectos pitones).
-Observo que eres muy diestra
en destrozar corazones.

-En seguida traigo el vino,
y con queso del país.
De sabor está divino,
aunque de aspecto algo gris.

Y se aleja cimbreante
meneando sus caderas.
Del «Feligrés» el semblante
resaltando las ojeras.

-El escaño está vacío,
¿te sentarás a mi lado?
-Me temo que no me fío.
-Pues me dejas fastidiado…

… y además soy un bendito.
-Yo diría un caradura.
-Cuando te enfadas me excito.
-¡Requebrar a un alma pura!

-Tengo un hambre que me caigo.
-Pues tocino y pan de hogaza,
ahora mismo te lo traigo.
-Falta vino en esta taza.

-Buenas tardes, compañeros.
-Bien hallado, presidente.
-Tratando de hurtar ligueros
llevo tiempo aquí presente.

-¿Qué nos dices, «Feligrés»?
-¿Se dejó ver el escote?
-Y postrándose a mis pies.
¡No dudéis: está en el bote!

-La muchacha, muy coqueta,
le sonrió con un beso,
y después, la pizpireta
le cortó un trozo de queso.

-Séptima velada-
(Cuartetos)

(Haciendo reverencia) -¿Presidente?
-Intuyo cierta sorna en el saludo.
-Ayer cuando te vi quedaba mudo.
-Encuentro la postura impertinente.

-Mozuela, por favor, el Somontano.
-¿Deciden hoy beber aragonés?
-Es vino meritorio y, como ves,
barato y aparentemente sano.

-Hablemos con rigor de la aventura:
Los senos de la moza ¿son reales?
-Sin duda tú no estás en tus cabales
y pienso que padeces calentura.

-¿Y viene el Somontano sin aliños?
(Jesús, el movimiento de caderas
sugiere que en la cama sus maneras
agotan de placer y de cariños)

-Con algo de jamón y de panceta
el vino se comporta superior.
-Disiento. Con el queso está mejor:
Mi abuela me contaba la receta.

-La lírica tenemos sin respeto.
¿Por qué no retomamos la cuestión?
(la moza me fibrila el corazón)
… pensaba con nostalgia en el «soneto».

-Recemos con fervor una oración.
-Aquello tornarase irrepetible:
la trompa que agarramos fue terrible,
lo malo fue después la reacción.

-Callemos, que la moza sirve el vino.
-¿Por qué serán tan lindas tus rodillas?
-Espérate a palpar mis pantorrillas.
-¡Coñac, o se perpetra desatino!

(Se ríe con maldad la mesonera,
y mientras el cofrade se atraganta)
-¿No ves que tu belleza nos espanta?
-¿Queréis, o no, gozar de tabernera?

-Aparte del soneto hay más opciones.
-¿Por que no transitamos los cuartetos?
-Menores han de ser los vericuetos,
y grandes han de ser las sensaciones.

-El «uno» con el «cuarto» han de rimar.
«Segundo» con «tercero». Consonante.
-Sin duda la estructura es elegante.
-«Endecas». No se vayan a olvidar.

-Parece semejante al serventesio.
-Distintas son las rimas de la estrofa.
-¿Os gusta la tortilla de alcachofa?
-Prefiero el embutido del «Nemesio2»

-Os traigo unas lentejas con chorizo,
y vino de Barrantes algo espeso.
-Por Dios que te mereces más de un beso,
o bien un revolcón de cobertizo.

-Hagamos tres cuartetos de seguido,
busquemos en el vino inspiración.
-Notamos a faltar el salchichón.
-¡Brindemos por el reto pretendido!

Se escurre de la mesa el presidente
y anuncia una lectura prodigiosa:
Cuartetos de factura deliciosa
surgidos tras la ingesta de aguardiente.

-Cuartetos-

Sus labios tulipanes de jardín
con prímulas y dalias y violetas,
sonrisas infantiles y coquetas,
sutiles maquillajes de carmín.

Lentejas con chorizos de rocín
(que tienen el sabor de las croquetas)
y vino Somontano son puñetas:
basuras y desechos de tarquín.

Sus pechos son cabriolas de arlequín
y tiran mucho más que dos carretas.
Nosotros, ya perdidas las chavetas,
queremos de la moza ser botín.

-Epílogo de la velada-

La dulce tabernera, emocionada,
lloraba y escondía su cabeza.
Mas todos ya sabían con certeza
que el lloro no era más que carcajada.

-Última velada-

La doncella y su tristeza lo sabían:
la tertulia del Tamboura se apagaba
y en su rostro la nostalgia se quejaba
por la ausencia de los chicos que partían.

Los canallas en silencio aparecían
con la toga que el conserje les prestaba
y en los rostros la careta disfrazaba
el amor que de la moza recibían.

De repente se quitaron las caretas…
-¡Por ventura! ¡Qué belleza! ¡Qué embeleso!
-¡Vino tinto y seis raciones de chuletas!

-¡Pordioseros! ¡Malandrines! ¡Dadme un beso!
¡Acercad vuestras mejillas, alcahuetas!
…y anunciaron a la chica su regreso.

-Y el Tamboura se quedaba solitario
esperando un nuevo curso literario.-

-Epílogo final-
(Por Elhi Delsue)

La moza y sus pechugas no han podido
restarles ni un momento inspiración,
del placer por su etílica afición
no hay encuentro que pase inadvertido.
Comen cual sabañones, han jodido,
han escrito sus versos con pasión,
de vino siempre tienen un jarrón
y el genio por encima del libido.
En el Tamboura abunda la alegría,
las viandas abarrotan las bandejas,
nunca falta la buena compañía.
¿Será acaso el chorizo o las lentejas
lo que infunde esas rimas tan parejas,
colmadas de agudeza y poesía?

Churrete

1 «Tamboura»: Bar de estudiantes en la Compostela de los ochenta.
2 «Nemesio»: Famosa charcutería de Santiago.

2 comentarios en “Las Memorias del Tamboura

  1. Mira por donde te he encontrado, jajaja. Estaba buscando lo que era la Tambourada y te he reconocido por la foto que tienes puesta que es la misma en el Mono, aparte que cuando he comenzado a leer tus magnificas rimas, las he reconocido.
    Bueno, seguiré leyendo otro día que hoy no tengo tiempo y no he podido terminar este largo caminar que has escrito.
    Un abrazo.

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